Carta Pastoral: “Santos que llaman a la puerta de los pobres”

corpus christi fano texto

Día de la Caridad- Solemnidad del Corpus Christi

Queridos diocesanos:

 

2. Ya sé que todos los elogios que haga de vosotros al fin y al cabo me los hago a mi mismo, porque el obispo es el que os preside y anima en el servicio de la caridad en esta organización formada por militantes católicos comprometidos. Por eso vuestro “éxito”, nunca mejor puesto entre comillas, es el mío. Digo lo de entre comillas porque enseguida quiero advertiros con todo mi cariño que el éxito personal no importa nunca en esta tarea nuestra; en Cáritas, en todo cuanto se haga, habréis de buscar siempre de verdad y a fondo lo que Dios nos pide hacer en favor de la dignidad humana; por eso es a Él a quien hay que adjudicarle todo el bien que nosotros podamos hacer.1. Quiero comenzar esta carta poniendo de relieve mi afecto y mi gratitud hacia todos los colaboradores en esta misión tan importante de la Iglesia, como es la de la caridad y la acción social. En los dos años que llevo entre vosotros sólo he recogido satisfacciones por el buen hacer y el compromiso en favor de los más pobres, débiles y necesitados de nuestra sociedad giennense. Como Iglesia en la acción social, sois un ejemplo de servicio, empezando por el equipo directivo y continuando por los trabajadores y voluntarios que lleváis a cabo la acción de Cáritas en nuestra Diócesis de Jaén, tanto en sus servicios generales como en las Cáritas parroquiales. Me consta que, entre tanta creatividad en proyectos y acciones que lleváis a cabo, lo primero para vosotros son los pobres, son ellos los que impulsan vuestra generosa dedicación. Con lo que hacéis y por cómo lo hacéis dignificáis a la Iglesia del Señor que camina en este mar de olivos.

3. Los obispos que en la Conferencia Episcopal coordinan la acción social de la Iglesia en España, acaban de escribir un precioso mensaje con motivo del Día de la Caridad, en la festividad del Corpus Christi, en el que nos ayudan a centrar en Cristo nuestra misión y actividad en este sector de la vida de la Iglesia. En este mensaje nos recuerdan que el Día de la caridad justamente se celebra en esta Solemnidad del año litúrgico, porque la Eucaristía es el sacramento que renueva el corazón de cada hombre y la historia misma de la humanidad. Esto sucede porque la Eucaristía es la actualización de un acto supremo de amor: el del Cuerpo entregado y la Sangre derramada de Jesucristo.

4. En definitiva, nos recuerdan los obispos que, en nuestra configuración con Cristo, el compromiso social de cada uno de nosotros es una consecuencia esencial. El servicio de la caridad pertenece a nuestro modo de ser y de vivir en Cristo. Quizás sea por eso que nos recomiendan que le pidamos al Espíritu Santo que nos renueve con la mística social y transformadora de la Eucaristía, para que nuestra vida eucarística nos anime a comprometernos en la transformación del mundo y en la promoción de una caridad transformadora. Sólo desde esa transformación mística, nuestra caridad será además de paliativa, también preventiva, curativa y propositiva. Cuando la fuente es Cristo, la caridad es más creativa y pondrá más imaginación en el servicio.

5. Nuestra vida cristiana ha de plasmar este mensaje del Papa Francisco: “La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas. En este marco se comprende lo que le pide Jesús a sus apóstoles: ¡Dadle vosotros de comer! (Mc 6,37), que implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos” (EG 188).

6. Aunque los voluntarios y voluntarias de Cáritas representáis a vuestras respectivas comunidades y a la Iglesia diocesana, a todos los diocesanos de Jaén quiero deciros en esta carta que el envío misionero de la caridad no es sólo para unos cuantos, es para toda la Iglesia y para todos los que vivimos la fe en ella. Los voluntarios de Cáritas son la cercanía de la Iglesia en la atención a los pobres, en la denuncia de la pobreza y en el servicio concreto a cada situación de pobreza. No obstante, es necesario que nunca olvidemos que la Iglesia es una comunidad que muestra su identidad y su misión en común; por eso, sin el apoyo comunitario de todos, la acción social sería sólo de unos pocos, no sería misión y responsabilidad de toda nuestra Diócesis y de todos los cristianos.

7. Según esto, concluyo pidiéndoos a todos que os sintáis responsables de la caridad de la Iglesia diocesana; que seáis generosos con los proyectos sociales, sobre todo de Cáritas; y os animo a que cultivéis la caridad desde el corazón de Cristo, que es desde donde hay que mirar para entender que ser cristiano es saber abrazar a todas las pobrezas. De un modo especial, os invito a que os dejéis santificar por el Espíritu a través del ejercicio de la caridad. Ojalá nuestra Iglesia diocesana se llene de “santos que llaman a la puerta de los pobres”.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Carta Pastoral Jornada Pro Orantibus: “Los monasterios de contemplativas, corazón orante de nuestra Diócesis”

vida consagradaQueridos diocesanos:

Se puede muy bien decir que solamente en la Fiesta de la Santísima Trinidad se podía celebrar una Jornada tan significativa para la Iglesia, la de la vida contemplativa, conocida como Pro Orantibus. Las contemplativas, sin dejar de estar en el mundo, viven metidas de lleno en el corazón de la Trinidad, descubriendo y contemplando a Dios, para conocerle, amarle y servirle mejor y para conocerse a ellas mismas y al mundo. Nadie sabe con una experiencia tan intensa lo que Dios siente por nosotros, como esas mujeres que en sus Monasterios lo contemplan y sienten con Él día a día. Ellas conocen que la voluntad de Dios es una voluntad amiga, benévola, misericordiosa, que quiere nuestra plena realización y está siempre disponible para ofrecernos la salvación. Santa Teresa apuntaba bien el recorrido de la mirada contemplativa, cuando decía: “Sólo quiero que le miréis a Él”. Sabía la Santa mística que esta mirada embelesa de amor y, a la vez, despierta a los amores que Jesús, el Amado, lleva en su corazón, que somos todos nosotros.

 

Agraciados con diecinueve monasterios

Por si no lo sabíais, en Jaén tenemos diecinueve monasterios de contemplativas; lo que supone un número considerable de mujeres, que tienen la misión de poner en el corazón de Dios nuestras cosas: desde nuestros deseos más sublimes y espirituales, hasta las necesidades más perentorias de nuestra vida; y como ellas se acercan tanto a la fuente del amor divino, de allí, por su oración intercesora, traen para nuestro bien la misericordia entrañable de nuestro Dios. Su amor al mundo lo realizan, sobre todo, en su relación mística con el rostro de Jesucristo, que ellas en el fondo de su alma saben que se prolonga misteriosamente en sus hermanos los hombres más pobres. Cuanto más profunda es su relación con Jesús, más intensa es también su amor por los seres humanos, con especial predilección por los más indigentes en su cuerpo y en su alma.

 

Quiénes son, qué hacen, para qué viven

Es por eso que estos monasterios repartidos por nuestra geografía diocesana son para nosotros nuestro mejor tesoro; nadie nos representa mejor ante el corazón de Dios como estas santas mujeres que, desde su juventud hasta su ancianidad, viven en fidelidad ad vitam para amar a Dios y a los hombres. “La vida contemplativa femenina ha representado en la Iglesia y para la Iglesia el corazón orante, guardián de gratuidad y de rica fecundidad apostólica y ha sido testimonio visible de una misteriosa y multiforme santidad” (VDq 5).  Os invito, por tanto, a llenarlas de cariño y a que, en las poblaciones donde tienen sus monasterios, las hagáis visibles y significativas. Los cristianos tenemos que saber decir, en voz alta y con convicción, quiénes son, qué hacen y para quiénes viven. Tenemos que saber que no hay nada más útil que vivir para mostrarnos cómo llevar la contemplación de Dios en el corazón y que nadie vive esa experiencia de un modo tan abnegado, tan generoso, tan intenso y tan auténtico como nuestras hermanas las contemplativas.

 

Una opción vocacional afortunada

El mundo tiene que saber, más allá de los deliciosos dulces que hacen para poder sobrevivir, qué nos ofrecen estas monjas para encontrar la fuente del bien, la verdad, la vida y la belleza. De un modo especial, los jóvenes tendrían que conocer que, para ser fieles a la vocación a la que han sido llamados en su bautismo, hay una opción de vida muy especial, y que no dudo en que es la más rica y auténtica que pueda elegir cualquier ser humano, si tiene la suerte de ser llamado a seguirla por el Señor. Por eso, les invito a que se acerquen, a que pregunten, a que gusten con ellas el sabor precioso de su vida, ese que las hace enamorarse de Jesucristo y a que, después, decidan. Afortunadamente hoy hay jóvenes que, tras hacer experiencias de monasterios, quedan prendadas de esas vidas tan unidas a Jesucristo y tan comprometidas con la humanidad y sus necesidades. Pero ese modo de existencia, el de las comunidades contemplativas, tiene que renacer y fortalecerse. Nuestro mundo necesita focos de vida orante que lo pongan de nuevo en el fuego del corazón de Dios.

 

Tierra de santos contemplativos

Jaén siempre fue tierra de contemplativos y místicos; unos nacieron aquí y otros anduvieron por nuestro mar de olivos, como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, que encontró “la contemplación eterna” en un Monasterio de esta Iglesia diocesana. Os invito, por tanto, a rezar y a crecer en simpatía hacia estas santas mujeres, a felicitarlas y admirarlas por la opción de su vida y a llenarlas de cariño. Nunca un Monasterio ha de sentir la indiferencia de ninguno de nosotros; al contrario, por lo que son, por lo que hacen y por lo que significan para la humanidad, merecen ser rodeadas de nuestro afecto fraterno.

 

Nuestra obligada gratitud

A vosotras, queridas contemplativas, os digo con todo mi cariño: gracias por lo que hacéis por esta Iglesia. Os sentimos siempre cerca de nosotros, porque nada acerca más a los cristianos que percibir que alguien pone en nuestro corazón el cálido perfume del amor de Cristo, y vosotras lo hacéis con creces.

Sabed que el Obispo os quiere, rezad mucho por mí, lo necesito para poner amor y servicio en esta tarea que el Señor ha puesto sobre mis débiles hombros en esta nuestra querida Diócesis de Jaén.

Con mi afecto y bendición para todos.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

 

Carta Pastoral: “Tiempo de Gloria, tiempo de María”

Considero un gran detalle por parte de las Hermandades y Cofradías que custodian las imágenes de las devociones que se celebran en los días de gloria, que se me pida un mensaje que recoja en sentido que el Obispo, como maestro de la fe en la Diócesis, le da a la celebración del tiempo de Pascua; de un modo especial me lo piden las devociones que tienen como protagonista a la Santísima Virgen, celebrada en estos días como Madre del Resucitado. Por mi parte, lo hago con gusto porque me da la oportunidad de situar a María en la misión de su Hijo. Aparición de Jesús a la Virgen Filippo Lippi Donde está Cristo, allí está la Madre, sobre todo cuando tenemos en cuenta el misterio que el Papa Francisco nos ha invitado a celebrar, con especial solemnidad y fervor, el lunes de Pentecostés: el de María, Madre de la Iglesia

Durante la Pascua, el Señor Resucitado ha ido reuniendo en torno a sí a aquellos que se dispersaron a causa de su muerte: a las mujeres, a los discípulos, y a los simpatizantes… A todos les ha ido mostrando su vida resucitada y les ha llevado a reconocerle como el mismo al que conocieron, amaron, escucharon y siguieron encarnado, crucificado e incluso muerto, es decir, con vida y rostro humano, venido entre nosotros para salvarnos. A ese Jesús, ahora todos le reconocen con vida nueva y transfigurada, o sea, como Resucitado; todos y unidos vieron y creyeron que Jesús había sido elevado a la gloria por el Padre y que, de esa manera, nos atraía a todos hacia Él, para que participáramos de su misma Vida.

Entre los que le reconocieron resucitado estaba naturalmente María, aunque Ella sólo aparezca en la Biblia al final de la obra Pascual que realiza su Hijo, y que culmina con la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia y la fortalece en la misión de Evangelizar. “Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, madre de Jesús y con sus hermanos” (Hch 1,14).

También la Madre fue preparada para acompañar el envío que recibieron los discípulos de iniciar la misión de dar los primeros pasos en el anuncio de la buena noticia, del kerygma. Nos gusta imaginar que María se encontró con su Hijo Resucitado y mantuvo con Él una íntima y exclusiva conversación. Ella puso a disposición de la misión que Jesús le encomendó a la Iglesia todo lo que había ido guardando en su corazón. Se puede muy bien decir que la primera discípula del Resucitado fue su madre. Lo que hasta ahora para Ella había sido el fruto de una relación tan maravillosamente humana, como era el poder observar con admiración, atención e incluso con dolor el misterio de la vida terrena de Jesús, a partir de la Resurrección, en la Virgen Madre del Redentor todo fue fe y disponibilidad para anunciar, cantar, vivir y servir en la Iglesia las maravillas de Dios. María en la fe acogió la nueva vida de su Hijo Jesucristo y, en la fe, vivió el nuevo corazón y la nueva alma con que se iba formando la vida de la Iglesia, teniéndola a ella como Madre.

Todo lo que había ido sucediendo en el corazón de los discípulos y discípulas del Señor sucedió también en la Virgen María: Ella reconoció a su Hijo como “el Señor”; y también sintió en su corazón el grito interior de la fe, y le dijo: “Señor mío y Dios mío”.  Durante la Pascua del Señor, todo en María iba preparando su corazón para poder participar en cuerpo y alma del misterio pascual en su Asunción a los cielos, donde será coronada también como Reina y Señora de todo lo creado.

Pero antes de este privilegiado destino de la Madre, Ella participa del misterio de la muerte y resurrección de Jesús con la Iglesia, que echó a andar teniéndola como miembro eminente. Por eso siempre la Iglesia celebró con alegría pascual a la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra. En nuestra tierra giennense eso lo hacemos con multitud de advocaciones, situadas justamente en el clima y el tiempo del gozo pascual. Lo hacemos porque es Madre de Jesucristo y también porque lo es de la Iglesia. En María va siempre unida esta doble misión: si es Madre de Cristo, también lo es del Cuerpo Místico de Jesucristo. La maternidad divina de María está unida a la obra de su Hijo, Jesús el Redentor. En la misma cruz, Jesús le encomendó esta misión: la de ser nuestra Madre.

La Iglesia contemporánea, que se muestra siempre tan mariana, nos ha recordado esta vinculación maternal de la Virgen con la Iglesia. El Beato Pablo VI, al concluir la tercera sesión del Concilio Vaticano II, declara que la Bienaventurada Virgen María es “Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el Pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores, que la llaman Madre Amorosa, y estableció que de ahora en adelante la Madre de Dios fuera honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título”.

A nosotros, esta celebración de María, y todas las que celebremos en este tiempo de gloria, entre las que cito a la Santísima Virgen de la Cabeza, patrona de la Diócesis y a la de la Capilla, Patrona de la ciudad de Jaén, así como cada una de las que celebramos en nuestras ciudades y pueblos, nos ayudará a recordar tres cosas fundamentales: que el crecimiento de la vida cristiana debe de fundamentarse en el misterio de la Cruz; que debe renovarse en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico; y que debe inspirarse  en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Si somos muy marianos, seremos muy de Cristo, seremos muy eucarísticos, seremos muy eclesiales y seremos muy próximos y hermanos de todos los hombres, hijos siempre de la misma Madre, la que nos dio Jesús desde su Cruz Salvadora.

Con todo mi afecto y bendición.

Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Carta Pastoral : “Las imágenes que contemplarán nuestros ojos”

cathopic 1492781740184098En la antesala de la Semana Santa 2018, el Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, ha hecho pública una Carta Pastoral en la que pone su mirada en las imágenes que procesionarán por las calles de los pueblos y ciudades de toda la Diócesis.

Con el título, “Las imágenes que contemplarán nuestro ojos”, el Prelado del Santo Reino ofrece algunos criterios para seguir las procesiones de Semana Santa.

A través de 14 puntos, la Carta Pastoral pretende, por un lado, poner en valor el significado religioso y espiritual de las imágenes y tallas de Semana Santa, como elementos de devoción para acercarse al misterio de Dios: “las imágenes son un vehículo para la oración y la imitación”, afirma Don Amadeo.

Y por otro lado, con esta Carta, el Obispo jiennense recuerda el “sentido evangelizador de las imágenes”, toda vez que pide respeto tanto para las imágenes como para las personas que a través de ellas expresan su fe.”Cualquier imagen debe ser respetada por ella misma y por lo que significa para aquellos que las veneran con devoción”,afirma Don Amadeo, y añade, “El que intencionadamente ofende una imagen, ofende a los devotos. Pero, sobre todo, se ofende, cómo no, al misterio que representan las imágenes”. En este sentido, Monseñor Rodríguez Magro pide a los cristianos, en esta carta catequética, una doble labor, la de exigir respeto y la de ofrecer perdón. “Además de exigir el derecho fundamental de que sean respetados nuestros sentimientos religiosos, hemos de ofrecer siempre el perdón, que es el culmen del amor que nace del corazón de Cristo, el perdón es siempre una gracia”.

Del mismo modo, la Carta Pastoral ofrece las claves para que las Cofradías y Hermandades sean en las calles el fiel reflejo de “un pueblo unido que ha de constituir en la sociedad un clima nuevo, el del Evangelio, que es de fraternidad, de solidaridad, en definitiva, de caridad”. Y anima a “llevar a nuestras calles los valores más genuinos del Evangelio: la pobreza, la sencillez, la austeridad, la solidaridad, el servicio, la entrega, la sanación, el consuelo, la misericordia, la esperanza, la salvación, el amor y la alegría”.

En esta publicación, que se ha editado en un pequeño folleto, el Obispo de Jaén recuerda que las Estaciones de Penitencia deben estar al servicio de una bella Catequesis. Por último anima a vivir con intensidad espiritual estos días de Semana Santa y confía en que las imágenes que procesionen sean un “encuentro con Jesús”,  y sirva para vivir “el camino de Pasión del Hijo de Dios”. Don Amadeo concluye su recordando que rezará por todos los fieles, y que estos a su vez, recen por él.

Itinerario de Adviento y Navidad 2017: Tómatelo en serio, esto no es un juego

0001 1 2El itinerario de Adviento y Navidad que os proponemos está inspirado en el Plan Pastoral Diocesano de este curso 2017-2018, que nos invita a crecer en la comunión.

Lo que los cristianos celebramos en la Navidad es que «El Verbo se hizo carne» (Jn 1,14) o –como dicen las oraciones de las eucaristías y de la Liturgia de la Horas de este tiempo litúrgico– que ha tenido lugar un «admirable intercambio» por el que, tomando Dios condición humana, posibilita que nosotros, ofreciéndole nuestros dones, que son suyos, seamos semejantes a él.

La Navidad es la memoria del amor de un Dios, que en su misericordia insondable ha decidido acercarse a los hombres y hacer comunión con ellos. Para que los hombres aprendan a hacer comunión entre sí. Para que sean, por su modo de vivir y de actuar, una muestra visible de la comunión en que arde la Trinidad misma.

Los cristianos estamos llamados a entregarnos a este misterio de comunión, a ofrecer nuestra vida y a transitar por este camino de encuentro abierto por Dios mismo. Jesús ha querido compartir nuestra vida, patear nuestros caminos, sentir con corazón de hombre, amar como los hombres aman. Y nos enseña lo que tenemos que hacer: salir al encuentro del otro, amarlo y aceptarlo, sentirlo parte de nosotros mismos, dar la vida por él… hasta las últimas consecuencias. Cuanto más amor, más comunión. Cuanta más comunión, más vida auténtica.

¿Esto es un juego?
Hemos utilizado como soporte del itinerario un conocido juego de mesa de formar palabras, que nos brinda la oportunidad de aplicarlo al cometido esencial de nuestro Plan Pastoral Diocesano para este año. Este juego no lo puede jugar uno solo. Se juega en colaboración con los otros, poniendo las propias letras y las propias palabras, partiendo de las que han colocado los demás en el tablero. La comunión eclesial es también así: aceptamos a los otros, colaboramos con ellos, junto a ellos construimos la Iglesia y hacemos unidos la tarea que el Señor nos encomienda. Poniendo cada uno lo mejor de sí mismo, en corresponsabilidad. Y conscientes de que nuestra comunión no es sino reflejo y continuación de la comunión trinitaria: es decir, puro don.

Este itinerario no sustituye el sentido tradicional del Adviento

Este itinerario pretende ser solo un instrumento, una herramienta que pueda ser usada para dinamizar la vivencia del Adviento y la Navidad a nivel personal y en grupo. Pero no se «inventa» otro Adviento distinto del de toda la Iglesia. Por lo tanto, a la hora de usar los materiales que ofrecemos, no se puede perder de vista el contenido tradicional de este tiempo litúrgico para toda la comunidad creyente. en el documento de explicación del itinerario os incluíos unas breves notas sobre ese contenido, por si os pueden servir.

 

 Un itinerario que puede ser usado a tres niveles
El itinerario que ofrecemos puede ser usado a tres niveles:

1) Para la parroquia en general:
para los fieles que acuden a la parroquia, pero no tienen más vinculación con ella que la participación en la eucaristía dominical o a algunas actividades que se organizan, pero no pertenecen a ningún grupo de pastoral ni de espiritualidad.
Para este colectivo está pensado el primer grupo de materiales. Se trata 7 carteles, uno genérico para todo el tiempo de Adviento, uno por cada uno de los domingos, uno para la festividad de la Inmaculada y uno para la fiesta de Navidad.
Los carteles se pueden usar para ambientar el lugar de la celebración o de la catequesis. Comenzando por un tablero de juego en el que aparece la oración del Adviento y la primera palabra colocada “comunión”, cada semana se irán añadiendo dos palabras cruzándolas con las anteriores, sacadas de la Palabra que se proclama en la eucaristía del domingo o de la fiesta. Se trata de palabras clave que resumen el contenido de la Palabra de Dios y que pueden ser usadas como recordatorio y como hilo conductor para las homilías.

2) Para grupos de la parroquia:
 Para los grupos que tienen presencia y trabajo pastoral o reuniones de formación o de oración, hemos preparado un folleto en el que se explica el sentido general del itinerario y se ofrecen pistas muy sencillas para la reflexión personal o comunitaria, partiendo de la espiritualidad propia del Adviento y de la Palabra que se proclama en las eucaristías.
Este folleto se puede usar al comienzo del Adviento, si se tiene un retiro o reunión, para presentar el Adviento entero como un itinerario a seguir. O cada semana para hacer el “trabajo” que corresponde. Aunque una cosa no quita la otra.

3) En las redes sociales o medios informáticos:
 El material se ofrece también para que pueda ser usado en las páginas web de las parroquias, en las redes sociales y en WhatsApp.

El lema del Adviento
El lema que lleva este itinerario es “Tómatelo en serio, esto no es un juego”. Nos invita a tomar en serio el tiempo de Adviento. A aprovecharlo, como tiempo de gracia que es, para escuchar la Palabra y dejarse interpelar por ella, y avivando el deseo de que el Señor llegue, poniendo nuestro esfuerzo y nuestras ganas para que su presencia sea viva y vivificante. Pera el lema también nos invita a tomar en serio la tarea que este curso hemos tomado como primordial en nuestro Plan pastoral diocesano: la de crecer en la comunión. Una y otra cosa pueden muy bien ir de la mano.

Un Adviento en cinco “pasos”
Para cada domingo o fiesta se ofrece un lema o propósito, al hilo de la Palabra de Dios proclamada, que servirá como recordatorio para la semana.

Aquí están todos los lemas:


Semana primera: Vigila tu juego.
Para jugar hay que estar atentos, El lema nos recuerda que el Adviento comienza por una llamada a la vigilancia, a estar atentos para descubrir la presencia y la llegada del Señor. Para ello, hay que mantenerse despiertos, alerta. Solo así podremos entrar en este tiempo de esperanza.
Por eso, a la palabra “comunión” que ya estaba en el tablero, se añaden ahora otras dos: “vigilancia” y “esperanza”.

Fiesta de la Inmaculada: Has sido elegido.
La fiesta nos recuerda que María ha sido elegida por Dios para ser madre de su Hijo. Pero la elección de María nos avisa de que también nosotros hemos sido elegidos, como nos dice la segunda lectura. Como nosotros nos hemos saltado las reglas del juego, colocando una palabra que no está pegada a las demás, también Dios se “salta” nuestras reglas del juego, rompiendo la lógica humana: su amor por nosotros le llevó a hacerse hombre a él que es Dios; y a nacer de una madre virgen; y a convertir a los esclavos en hijos. Solo en la conciencia de que la iniciativa viene de Dios y de que por pura gratuidad hemos recibido esta herencia de ser hijos suyos podremos seguir recorriendo el camino del Adviento y de la comunión. Se añaden las palabas clave “elección” y “herencia”.

Semana segunda: Cambia estrategia.
A veces, en el juego hay que cambiar de estrategia y pensar lo que más conviene. El segundo domingo de Adviento nos invita a pesar, a repensar nuestra vida y a cambiar; a convertirnos, quitándonos nosotros mismos del centro de nuestra atención y poniendo a Dios, solo a Dios, como centro; y, por ende, a los hermanos. Solo con este cambio de estrategia vital podremos percibir la ternura del Dios que es padre y madre, y, como nos enseña el profeta, pastor que apacienta con dulzura y delicadeza su rebaño. Las palabras nuevas en el tablero son, pues,“conversión” y “ternura”.

 Semana tercera: Olvídate y goza.
Un juego sirve para disfrutar, para pasar un buen rato, olvidando agobios. El Adviento también es así. El Señor nos llama a salir del sufrimiento y del agobio y a vivir en la alegría. Pero no una alegría cualquiera, sino la que viene de la liberación que Dios nos regala. Esa sí que es una alegría duradera. El apóstol Pablo lo pide y lo repite: “Estad alegres”. Por eso, las dos nuevas palabras en el tablero son “alegría” y “liberación”.

 Semana cuarta: Disponible siempre.
En el juego hay que estar siempre atentos, siempre dispuesto, esperando el propio turno. El Adviento nos enseña que hay que estar siempre disponibles para Dios. Atentos, porque él ha querido necesitarnos para realizar su proyecto, para extender su Reino. Atentos y disponibles como María, la madre de Jesús, pronta a decir “sí”, aunque no entendía, aunque aquello no parecía “razonable”. Este Adviento nos pide un “sí” a Dios, a su Palabra, a su plan para nosotros; y un “sí” a la comunidad, a los otros, a la comunión que ha de crecer justo cuando se acerca la fiesta de la comunión entre Dios y los hombres, realizada en la encarnación.
Dos palabras nuevas, pues, en el tablero de juego: “sí” y “liberación”.

Fiesta de Navidad: ¡Enciende la luz!
Muchas veces nos pasa en la partida que la tarde avanza y que la habitación empieza a oscurecerse. Entonces hay que encender la luz. Eso ocurre también a menudo en la vida: que los días se nublan y la existencia se vuelve gris. Pero Dios quiso salir al encuentro de los hombres y encender una luz grande para los que vivían en tierra y sombra de muerte, como dice Isaías. Jesús es la luz que vence toda tiniebla. Es la salvación; cuando viene él, no hay ganadores y perdedores: en este juego del amor de Dios todos salimos ganando.
No podía ser de otra manera: las dos últimas palabras que colocamos en el tablero son “luz” y “salvación”.

Cada “paso” tiene cuatro momentos
En el folleto encontrarás unas breves indicaciones para trabajar durante el domingo o fiesta correspondiente. Siempre habrá cuatro momentos sucesivos, inspirados en la dinámica del juego, pero ¡que van en serio!:

Coge fichas
Como en el juego hay que coger fichas, así en la vivencia del Adviento hay que recargar la propia alforja. Y eso solo se puede hacer con la Palabra de Dios. Por eso, el primer rato de la reunión lo dedicamos a eso: a leer la Palabra. Os damos unas frases escogidas, pero hay que ir, sin prisas, a los textos enteros del leccionario.

Mira el tablero
El segundo momento está dedicado a la reflexión. Sobre la Palabra leída, y también sobre la vida, sobre lo que estamos viviendo y está viviendo la gente. Para descubrir la presencia del Señor en la Palabra y en historia, en nuestra pequeña historia personal y en el devenir cotidiano de nuestra comunidad y de nuestro pueblo.

Piensa
El tercer momento es para la reflexión, para profundizar: para dejar que la Palabra de Dios ilumine nuestra vida. Y para hablarle, de manera muy sencilla, al Dios que nos habla. Por eso te ofrecemos también una muy breve oración, que ha de dar pie a la tuya, a la vuestra propia.

Usa tu turno
El cuarto y último momento llega cuando te toca poner tus fichas. Es el momento del compromiso. La Palabra, la mirada creyente a la realidad y la oración tienen que llevarnos al compromiso. Aquí os damos alguna indicación, pero, si aprovecháis el juego, seguro que el Señor suscita en vosotros la urgencia de hacer cosas concretas para que el Adviento crezca en vosotros y la comunión sea más efectiva.

Una celebración comunitaria del sacramento de la penitencia
En muchas comunidades hay costumbre de hacer una celebración comunitaria del sacramento de la reconciliación en el tiempo de Adviento. Os ofrecemos, por si os sirve, un posible modelo.

A todos, ¡un provechoso Adviento!

Materiales de trabajo:

Como viene siendo tradicional, esté año, volveremos a rendir culto al Santísimo , con el montaje de un altar de Culto...

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