Carta Pastoral: “Cuando dices Iglesia diocesana hablas de ti”

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    Aquí me tenéis otra vez, convocando, como cada año, para el Día de la Iglesia Diocesana. Para empezar, os recuerdo lo que ya se ha convertido en un lema para todos nosotros: «Somos una gran familia contigo». Yo me siento parte de esta entrañable familia, ¿y tú? Si todavía cuando leas esto, no piensas en ti y en cómo es tu vinculación con la familia de la Iglesia, te recuerdo que el primer objetivo de esta jornada es justamente para pedirte que des un paso hacia delante y traspases el umbral de la casa familiar, que es tu Iglesia diocesana, hasta que te veas con toda naturalidad dentro de ella y participando de las alegrías y las penas, de las ilusiones y desencantos, en la fiesta, en la oración y en el apoyo mutuo que hay entre todos los hermanos. Especialmente aquí, en Jaén, te animo a que compartas el sueño misionero de llegar a todos; pues con esa ilusión nos estamos moviendo muchos en cumplimiento del Plan Diocesano de Pastoral.

   Lo que importa y se busca en esta Jornada es que los cristianos valoremos, cada vez más, la pertenencia a esta familia; que lleguemos a sentir y a decir: todo me pertenece y yo pertenezco; todo es mío y yo soy uno más en el disfrute y enriquecimiento de ese patrimonio común, que tiene como mayor tesoro la fe en Jesucristo. Que «ser Iglesia», sea para cada uno de nosotros un valor, un orgullo y una responsabilidad es la mejor motivación que podemos encontrar para celebrar este Día de la Iglesia Diocesana de 2018.

   La pertenencia supone sentirse miembro de la Iglesia y, naturalmente, sentirse implicado en su ser, en su vida y en su servicio. El rostro de la Iglesia en el mundo depende muy especialmente de cómo seamos y nos mostremos los que formamos esa gran familia de los hijos de Dios; y depende, por supuesto, de cómo servimos en este mundo, en el que tenemos la misión de ir trabajando en la construcción del reino de Dios.

   Aunque siempre tenemos mucho que mejorar, no tenemos mala imagen, porque es mucho lo que hacemos tanto en la actividad pastoral como en la caritativa y asistencial. Pero recuerda: todo lo hacemos entre todos, es misión de todos, es ilusión de esta familia, que es la Iglesia diocesana, contigo. Por eso, siéntete en ella, pertenece a ella y colabora en ella. La colaboración se puede hacer de muchas maneras, pero decae si falta el sentido de pertenencia, pero aumenta si te ves siempre dentro de la Iglesia.

Con mi afecto por todos.

+Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Cambiemos el mundo desde Jaén

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Queridos diocesanos:

Os escribo para compartir con vosotros un asunto de especial interés. Os pido, por eso, que no lo acojáis como uno más entre tantos de los que os vamos a hablar en estos días de comienzo de curso pastoral, aunque todos sean importantes. Cuando hablamos del DOMUND entramos en un asunto muy esencial, y en un terreno que nos sitúa en lo más específico de la Iglesia, en la Misión ad gentes. Hablamos del envío de Jesús en estado puro: “Id a anunciar el Evangelio por todo el mundo”.

Como sabéis, en estos tiempos hablamos mucho, y hacemos bien, de una Iglesia en salida, y acogemos esta invitación como una hermosa novedad. A veces da la impresión de que se olvida que la Iglesia siempre ha estado en salida. Lo ha hecho en cada época de su historia, aunque no siempre lo haya manifestado de un modo muy explícito. Hasta hace poco ser Iglesia en salida era fundamentalmente labor de los misioneros y misioneras, enviados por las Diócesis y por las Congregaciones religiosas a evangelizar en zonas en las que aún no había calado a fondo la siembra del Evangelio. Los misioneros iban a lo que llamábamos tierra de misión. En realidad, aún hay muchos lugares y zonas del mundo que necesitan el envío misionero, ahora sobre todo para el apoyo en su crecimiento de la implantación de la fe; pues hay comunidades cristianas a las que aún les faltan recursos.

La labor de los misioneros y misioneras siempre tiene un objetivo: llevar a Cristo y su Evangelio para que dé vida en el corazón de cuantos le conozcan y crean en él. Lo llevan con la creatividad y novedad apostólica de la Iglesia, que sigue apostando por el bien y la salvación de las personas en todos los lugares y situaciones. Por eso, desde la misión del anuncio de Jesucristo se ofrece dignificación humana y social. La misión, en realidad, lo que pretende siempre es cambiar el mundo, hacerlo mejor, más digno y justo, hacerlo Reino de Dios.

“Cambiar el mundo” es el lema certero con el que se presenta este año la Jornada Mundial de Misiones, que se celebra el domingo 21 de octubre, mes misionero por excelencia. Con audacia OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS, guiada en España por nuestro querido Don Anastasio Gil, que este año nos animará desde la Casa y el Corazón del Padre, ha encontrado este significativo lema, y en su cartel han recogido todo lo que la Iglesia hace a través de sus misioneros y misioneras para cambiar el mundo. El misionero saca la fuerza y la imaginación para cambiar el mundo de su condición de “discípulo” que siempre lleva en el corazón la pasión misionera por la transformación de, la humanidad, sintiéndose enviados porJesucristo, al que conoce y ama.

No obstante, esta llamada universal del DOMUND es una responsabilidad de todos en la Iglesia; ser discípulo misionero de Jesús es la orientación y el estilo de la vida cristiana de todos. Los miembros del pueblo de Dios estamos llamados a sentirnos misión, a llevar la misión como lema de vida. De un modo especial, en este octubre misionero, que será un mes también sinodal, el Papa Francisco invita a los jóvenes a encontrar en su corazón el tesoro de ser misioneros.

Por mi parte, invito a todos cuantos os llegue la noticia de esta iniciativa de la Iglesia, y en especial a cuantos compartís fe y vida asiduamente en la Eucaristía del domingo en vuestras comunidades cristianas a que os suméis de corazón a esta iniciativa universal de la Iglesia, la de ir poco a poco cambiando el mundo con todos los medios a nuestro alcance. Pero, este año, hacedlo conscientes de que la motivación que nos mueve a todos en la acción misionera no es otra que darle una nueva impronta evangélica a la Iglesia, servidora del mundo. No obstante, no lo olvidéis, el DOMUND necesita que nuestro corazón creyente esté profundamente arraigado en Cristo. Sólo en Jesucristo crecerá nuestra generosidad para darnos cuenta de que hemos de ser el apoyo de nuestros misioneros, avanzadilla de todo el bien que la Iglesia hace inter gentes. Esa generosidad ha de empezar por nuestro apoyo espiritual a su misión.

Pero esa generosidad ha de llegar a manos llenas también con nuestro apoyo económico. El Obispo desea, de todo corazón, que nuestra Iglesia diocesana coopere económicamente con la Iglesia misionera. Será así como participaremos, como Iglesia misionera, en un cambio del mundo. Apoyemos económicamente la misión de tantos hombres y mujeres, sacerdotes, consagrados y laicos que realizan,  desde  su conciencia misionera bautismal, la maravillosa tarea de evangelizar.
Cambiemos el mundo con generosidad desde Jaén, desde la Diócesis de Jaén.

Con mi afecto y bendición,

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Carta Pastoral: “Bajo el manto protector de María, recemos el Rosario por la Iglesia”

PAPA ROSARIOEl rezo del Santo Rosario ha pertenecido a la piedad del pueblo cristiano: lo rezamos individualmente, algunos lo rezan en familia y lo rezan muchas comunidades cristianas, sobre todo cada tarde antes de celebrar la Eucaristía. El Rosario, desde que lo propagó por la vida de la Iglesia Santo Domingo de Guzmán, ha pertenecido a la piedad orante de cristianos cultos y sencillos; a todos nos sitúa ante el misterio de Cristo, contemplado desde los ojos misericordiosos de la Santísima Virgen María.

Hace algunos años, concretamente en 2002, el Papa San Juan Pablo II nos regalaba una preciosa Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae. En ella nos invitaba a rezar el Santo Rosario y nos enseñaba, en un precioso y didáctico relato, que es una experiencia de contemplación del misterio cristiano. Merece la pena leer, de vez en cuando, esta preciosa carta del magisterio mariano del Santo Papa; podría muy bien ser nuestra lectura espiritual de cada mes de octubre. En ella se enseña que el Rosario es rezar con María, fijando los ojos en Cristo; es una oración cristológica. El Rosario es un verdadero ejercicio de contemplación con María: recordar a Cristo con María, comprender a Cristo desde María, configurarse a Cristo con María, rogar a Cristo con María, anunciar a Cristo con María. Mientras rezamos el Rosario contemplamos con María la imagen de su Hijo, la que tiene su corazón, donde ella guarda sus palabras y sus obras. “Guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19; cf. 2, 51).

Al ir rezando cada Ave María del Santo Rosario nos acercamos a los recuerdos que la Virgen tiene de Jesús impresos en su alma de Madre y nos lleva a recorrer con ella los distintos episodios de su vida junto al Hijo. “Han sido aquellos recuerdos, precisamente, los que han constituido, en cierto sentido, el ‘Rosario’, que Ella ha recitado constantemente en los días de su vida terrenal.” Es por eso, que nos recuerda esta preciosa carta, que el Rosario es un compendio del Evangelio. No hay más que recorrer los misterios de gloria, gozo y dolor, a los que San Juan Pablo II añadió los luminosos.

Se puede decir que meditar con el Rosario significa poner nuestros afanes y nuestras intenciones en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre. Seguramente, eso es lo que ha llevado al Papa Francisco a pedirnos que, a lo largo del mes mariano por excelencia, hagamos la experiencia de poner la vida de la Iglesia bajo el manto protector de María. También nos ha pedido que convirtamos en habituales dos oraciones, una a la Virgen y otra a San Miguel Arcángel, que han sido habituales en el orar de la Iglesia.vi Nos invita a que, con ellas, le pidamos a ambos que nos defiendan del mal tan destructivo y dañino que el demonio provoca en la vida de la Iglesia.

Os invito, por tanto, a que sigáis con fidelidad la recomendación del Santo Padre. Por mi parte, os pido que lo hagáis también, y con especial fervor, por el Papa y sus intenciones y necesidades. Recemos por él, para que sienta la fortaleza de la oración de toda la Iglesia y se mantenga firme ante las reformas que con tanta valentía está llevando a cabo y a las que nos invita a sumarnos.

Hace varias semanas, me he dirigido al Sumo Pontífice en vuestro nombre, mostrándole mi adhesión personal y también la de todos vosotros. Me he permitido decirle que cuenta con la oración, la fidelidad y el apoyo de sus hijos en esta tierra y Diócesis de Jaén; al tiempo que le he animado a continuar en el camino tan audaz y evangélico que está recorriendo con una Iglesia servidora del mundo con la alegría del Evangelio.

Rezad por el Papa, amad al Papa Francisco, que con su ministerio, en gestos y palabras, está mostrando al mundo el rostro de una Iglesia que, con humildad, se quiere purificar para hacer creíble la fe en Jesucristo. Y, sin fisuras, os invito a sentir la alegría del don que en su persona nos ha hecho el Espíritu, manifestando, ante los que quieren romper la unidad de la Iglesia, un ¡Viva el Papa! Con afecto os bendice vuestro Obispo, que se siente en comunión de fe, servicio e ilusiones con el Papa.

+ Amadeo Rodríguez Magro Obispo de Jaén

Carta Pastoral : “Construidos para Evangelizar”

 

Queridos diocesanos:

CARTEL NUEVOS TEMPLOS 2018Por iniciativa de mi antecesor, nuestro querido Obispo emérito, Don Ramón del Hoyo, nuestra Diócesis de Jaén tiene establecida una Jornada diocesana para solicitar de cuantos de vosotros queráis colaborar, ayuda económica para la construcción de nuevos templos, allí donde se necesiten, para acoger a las comunidades cristianas que aún no tienen un espacio adecuado para celebrar juntos su fe.

Aunque, afortunadamente contamos con una red de templos muy hermosos y cuidados, distribuidos por toda la geografía diocesana, aún se siguen necesitando algunas edificaciones de culto y de pastoral allí donde se van concentrando un grupo suficiente de cristianos y cristianas, que constituyen una nueva comunidad de fe y de vida. Nosotros, como se constata en el bello cartel que se ha hecho para promover la campaña de este año, aún seguimos empeñados en acercar el servicio pastoral de la Iglesia allí donde se necesita. Así se ha hecho en estos últimos años, aunque este servicio fuera especialmente costoso. Por eso se necesita y se pide la ayuda de todos vosotros, por la que, ya de antemano, os doy las gracias por vuestra generosidad.

En esta ocasión, os invito a que os fijéis especialmente en el lema escogido para la campaña de este año, “CONSTRUIDOS PARA EVANGELIZAR”. En este lema está la motivación de lo que os propongo que hagamos juntos. Daos cuenta de que lo que nos mueve es la Evangelización. No buscamos con lo que estamos haciendo otra cosa que no sea evangelizar, acercarnos a los que creen en Jesucristo y necesitan hacer vida cristiana reunidos en un Templo. El sueño misionero de llegar a todos está en el fondo de este empeño, que no es sólo material. Construimos para acercar en el Sagrario a Jesús Sacramentado; para que la Palabra de Dios siga hablando y alimentando la fe; para que el altar de la Eucaristía nos ofrezca la vida del misterio salvador de Jesucristo; para que las comunidades compartan la celebración de su fe; para que se cree, en torno al altar, fraternidad y servicio; para que el envío misionero llegue a todos  por el testimonio de cuantos se reúnen en esos templos como comunidad cristiana.

Gracias a todos por vuestra ayuda en este empeño tan importante de la misión de la Iglesia, que es el de darle a las comunidades cristianas un Templo, que sea lugar de encuentro con el Señor y de encuentro fraterno de todos los que comparten la fe y el servicio de la caridad en favor de los demás.

Con mi afecto y bendición

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Carta Pastoral: “Santos que llaman a la puerta de los pobres”

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Día de la Caridad- Solemnidad del Corpus Christi

Queridos diocesanos:

 

2. Ya sé que todos los elogios que haga de vosotros al fin y al cabo me los hago a mi mismo, porque el obispo es el que os preside y anima en el servicio de la caridad en esta organización formada por militantes católicos comprometidos. Por eso vuestro “éxito”, nunca mejor puesto entre comillas, es el mío. Digo lo de entre comillas porque enseguida quiero advertiros con todo mi cariño que el éxito personal no importa nunca en esta tarea nuestra; en Cáritas, en todo cuanto se haga, habréis de buscar siempre de verdad y a fondo lo que Dios nos pide hacer en favor de la dignidad humana; por eso es a Él a quien hay que adjudicarle todo el bien que nosotros podamos hacer.1. Quiero comenzar esta carta poniendo de relieve mi afecto y mi gratitud hacia todos los colaboradores en esta misión tan importante de la Iglesia, como es la de la caridad y la acción social. En los dos años que llevo entre vosotros sólo he recogido satisfacciones por el buen hacer y el compromiso en favor de los más pobres, débiles y necesitados de nuestra sociedad giennense. Como Iglesia en la acción social, sois un ejemplo de servicio, empezando por el equipo directivo y continuando por los trabajadores y voluntarios que lleváis a cabo la acción de Cáritas en nuestra Diócesis de Jaén, tanto en sus servicios generales como en las Cáritas parroquiales. Me consta que, entre tanta creatividad en proyectos y acciones que lleváis a cabo, lo primero para vosotros son los pobres, son ellos los que impulsan vuestra generosa dedicación. Con lo que hacéis y por cómo lo hacéis dignificáis a la Iglesia del Señor que camina en este mar de olivos.

3. Los obispos que en la Conferencia Episcopal coordinan la acción social de la Iglesia en España, acaban de escribir un precioso mensaje con motivo del Día de la Caridad, en la festividad del Corpus Christi, en el que nos ayudan a centrar en Cristo nuestra misión y actividad en este sector de la vida de la Iglesia. En este mensaje nos recuerdan que el Día de la caridad justamente se celebra en esta Solemnidad del año litúrgico, porque la Eucaristía es el sacramento que renueva el corazón de cada hombre y la historia misma de la humanidad. Esto sucede porque la Eucaristía es la actualización de un acto supremo de amor: el del Cuerpo entregado y la Sangre derramada de Jesucristo.

4. En definitiva, nos recuerdan los obispos que, en nuestra configuración con Cristo, el compromiso social de cada uno de nosotros es una consecuencia esencial. El servicio de la caridad pertenece a nuestro modo de ser y de vivir en Cristo. Quizás sea por eso que nos recomiendan que le pidamos al Espíritu Santo que nos renueve con la mística social y transformadora de la Eucaristía, para que nuestra vida eucarística nos anime a comprometernos en la transformación del mundo y en la promoción de una caridad transformadora. Sólo desde esa transformación mística, nuestra caridad será además de paliativa, también preventiva, curativa y propositiva. Cuando la fuente es Cristo, la caridad es más creativa y pondrá más imaginación en el servicio.

5. Nuestra vida cristiana ha de plasmar este mensaje del Papa Francisco: “La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas. En este marco se comprende lo que le pide Jesús a sus apóstoles: ¡Dadle vosotros de comer! (Mc 6,37), que implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos” (EG 188).

6. Aunque los voluntarios y voluntarias de Cáritas representáis a vuestras respectivas comunidades y a la Iglesia diocesana, a todos los diocesanos de Jaén quiero deciros en esta carta que el envío misionero de la caridad no es sólo para unos cuantos, es para toda la Iglesia y para todos los que vivimos la fe en ella. Los voluntarios de Cáritas son la cercanía de la Iglesia en la atención a los pobres, en la denuncia de la pobreza y en el servicio concreto a cada situación de pobreza. No obstante, es necesario que nunca olvidemos que la Iglesia es una comunidad que muestra su identidad y su misión en común; por eso, sin el apoyo comunitario de todos, la acción social sería sólo de unos pocos, no sería misión y responsabilidad de toda nuestra Diócesis y de todos los cristianos.

7. Según esto, concluyo pidiéndoos a todos que os sintáis responsables de la caridad de la Iglesia diocesana; que seáis generosos con los proyectos sociales, sobre todo de Cáritas; y os animo a que cultivéis la caridad desde el corazón de Cristo, que es desde donde hay que mirar para entender que ser cristiano es saber abrazar a todas las pobrezas. De un modo especial, os invito a que os dejéis santificar por el Espíritu a través del ejercicio de la caridad. Ojalá nuestra Iglesia diocesana se llene de “santos que llaman a la puerta de los pobres”.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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